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miércoles, 28 de marzo de 2012

Sidonie y su Fluido García en Valladolid.

El pasado sábado 24 de marzo, la Sala de Teatro Experimental del Miguel Delibes presentaba la mejor entrada de la temporada, hasta la fecha, para recibir al trío catalán Sidonie (Marc Ros, voz y guitarra; Jesús Senra, bajo; y Axel Pi, batería; a los que se suma en esta gira David. T. Ginzo, guitarra), que en esta ocasión se presentaban en Valladolid con El Fluido García como último trabajo bajo el brazo.

El título del disco está extraído de la novela de ciencia ficción de Enrique Gaspar y Rimbau El Anacronópete, en la que los personajes que viajan en el tiempo a través de una máquina al efecto, tienen que consumir el "fluido garcía" para evitar rejuvenecer al viajar hacia atrás en el tiempo, y burlar así la llamada paradoja del abuelo.

De modo que podemos considerar que la elección del título no es casual. Más bien al contrario, desde el mismo reivindican su trabajo y trayectoria, en la medida en que se han hartado de promocionarlo como una vuelta a la psicodelia de sus primeros discos, en clara contraposición a los ritmos más poperos de discos como Costa Azul o El Incendio de los que, en ningún caso, reniegan.

Ésta era la segunda vez que iba a ver a Sidonie en directo. La vez anterior fue el verano pasado, en el marco del Lowcost Festival y, la verdad, quedé un poco decepcionado. El concierto no fue todo lo divertido que yo esperaba, aunque también reconozco que las circunstancias no acompañaron: les tocó abrir el escenario principal, con lo que aun era de día y la gente todavía estaba empezando a llegar. Además, los conciertos festivaleros, ya se sabe, son un poco atropellados por la limitación de tiempo, sobre todo para los que no son los principales cabezas de cartel.

Pero en este caso la situación era mucho más propicia. Una sala de lujo; un público que sabía a lo que iba y que cuasi completaba el aforo; y una plaza, Valladolid, en la que ya habían "toreado" varias veces con rotundo éxito. De modo que sí, éste iba a ser un concierto muy distinto. Y cumplió con las expectativas de pasar un buen rato.

Aspecto de la sala antes de comenzar el concierto

Y por buen rato me refiero a casi dos horas de concierto, en las que Sidonie desgranó no sólo El Fluido García, sino también los grandes temas de trabajos anteriores que han contribuido a colocarles en la posición privilegiada que ocupan entre lo más granado de la escena musical nacional.

Ello sirvió para comprobar varias cosas. La primera y más importante es que con una carrera ya consolidada con tantos discos a sus espaldas, cuentan con un puñado de canciones bailables, pegadizas y de estribillo coreable, muy reconocibles, que abonan la sensación, a ratos, de que estos tipos son una máquina de fabricar singles. Como prueba, ahí está un setlist que da cabida por igual a Costa Azul, Fascinado, Un Día Más En La Vida, Los Olvidados o El Incendio.

A sus éxitos consolidados se unían los nuevos temas de El Fluido García, un disco irregular en su desarrollo, que combina temas de distinto nivel e intensidad (nada tienen que ver los reconocibles, en la medida en que han funcionado como tarjeta de presentación del álbum, El Bosque o A Mil Años Luz con El aullido o Bajo un cielo azul, por ejemplo), aunque es indudable que existe un cierto patrón o hilo conductor: esa pretensión de alcanzar el cacareado sonido psicodélico, que para mi se queda más en búsqueda.

Porque para mí (personalísima opinión) esos trallazos o ramalazos guitarreros con los que visten muchas de las nuevas canciones no me sirven para definirlas, ya que al final siguen teniendo más peso esas letras blanditas de estribillos repetitivos que caracterizan el pop elástico (y correctísimo) que les puso en el disparadero para una amplia audiencia, entre la que me encuentro. No obstante se agradece mucho el perfil que ofrecen estas nuevas canciones que, en todo caso, funcionan muy bien en directo. Cante Marc o cante Jesús (caso de La Huída), por cierto.

Con estos mimbres el concierto se desarrolló, nunca mejor dicho, fluido. Con un punto de inflexión clarísimo, bajando la intensidad al atacar El Aullido e irrumpir Marc entre el público arrastrado dentro de un carro de súper cantando a capella Giraluna.

Vídeo de Giraluna (alarido de Javi Vielba, presente entre el público, incluido, min. 0:28)

Se marcaba así una suerte de intermedio, que daba pie a una segunda parte del partido que arrancaba con Sidonie compartiendo escenario con Dehra Dun, grupo local que había ejercido las labores de telonero, para interpretar Sidonie Goes To Varanasi, de su primer disco.

Momento del concierto

Continuaría con un set acústico protagonizado por la interpretación de Bajo un cielo azul (de papel celofán), que presentaron (pomposamente, desde mi punto de vista) como una "ópera folk" que, sin embargo, más bien responde al patrón de un medley en el que pueden asomarse canciones como Sylvia. Confesos amantes de los Beatles, supongo que no resulta difícil encontrar aquí un abierto homenaje a los cuatro de Liverpool, reconocibles acordes del Blackbird incluidos. Para mi uno de los momentos álgidos del concierto (hace poco participaron en Los conciertos de Radio 3 y su interpretación de Bajo un cielo azul en Valladolid fue básicamente idéntica, así que dejo el video).

Bajo un cielo azul (de papel celofán) en Los Conciertos de Radio 3

Adalides de la pose del "sex, drugs & rock'n'roll", dieron muestra de un apetito más mundano al reconocer que tienen en Valladolid uno de sus templos gastronómicos personales (en concreto en el restaurante La Raíz que, por cierto, gracias a ellos ya tengo anotado, porque ni me sonaba...). Lo cual suma un motivo más para que vuelvan de nuevo, vista la buena respuesta del público y su feeling con el grupo (Jesús Senra nos puntuó al final del concierto como dentro del "puto top five").

Final del concierto

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domingo, 31 de julio de 2011

Lowcost Festival 2011

Entre los pasados días 21 y 23 de julio se celebró en Benidorm el que, por cartel y desde mi humilde opinión, viene a ser el más potente de los festivales veraniegos que se celebran en nuestro país (FIB y BBKLive al margen): el Lowcost Festival.


Y es que por lo que al panorama nacional se refiere, aunque no estaban todos lo que son, son todos los que estaban (y que eran la mayoría). Vetusta Morla, Love of Lesbian, Standstill, Lori Meyers, LA, Sexy Sadie, Supersubmarina, Sidonie... A los que se sumaban una serie de nombres foraneos de relumbrón: de Mika y Mando Diao a Klaxons y The Pains of Being Pure at Heart, pasando por Crystal Castles, Cut Copy o Ok Go. Sensacional. Lo más granado de la llamada música indie nacional y parte de la internacional.

El festival estrenaba nuevo recinto: la ciudad deportiva Guillermo Amor. No sé qué tal estaría el festival en sus emplazamientos anteriores, pero sí que puedo decir que en esta edición ha sido de lujo en términos de disfrute y comodidad. Los tres escenarios estaban muy próximos, se accedía rápidamente a ellos, el cesped estaba muy presente en todos ellos y, además, en el escenario azul (el mediano) se había habilitado una zona "chill out" con puffs para poder estar tirado a la bartola mientras se disfrutaba de la música. A su lado, había una zona con mesas y sillas de terraza para poder comer tranquilamente. Por cierto, el tema de la comida y bebida estaba muy bien resuelto, con numerosos puestos distribuidos por todo el recinto, con los suficientes puntos de venta de tickets. La comida, además, muy bien. Variada (pizza, kebab, carne, comida senegalesa, oriental...) y hecha en el momento, nada de precocinados, por chiringuitos gestionados por establecimientos locales.


Aunque es verdad que los bocatas de panceta y chorizo criollo de la parrilla argentina estaban bien buenos... vayamos al grano: ¡la música!

¡Primer día!

El jueves iba a servir, aparentemente, como calentamiento, en la medida en que el escenario principal no se abriría hasta el viernes. Era un día para hacerse a las instalaciones y meterse de lleno en la dinámica festival. Todo muy cómodo, mucho espacio, ninguna sensación de agobio y facilidad para acceder a los escenarios y colocarse tan adelante como se quisiera. Esta es una tónica que se mantuvo durante todo el festival y que, al parecer, fue algo premeditado por parte de la organización. Así que, chapeau.

Empezamos con Maika Makowsky, a la que pudimos ver en el escenario azul ante un público perezoso que empezaba a llegar a las instalaciones. Mucho mejor la oportunidad brindada por Sol Música un poquito despúes, cuando auspiciaba en su pequeña carpa un showcase de 20 minutos para un público reducidísimo que disfrutó de esa posibilidad que es tener a un grupo tocando para ti a un palmo de distancia. Ello a pesar de que los sosainas de The Pains of Being Pure at Heart (decepcionantes, muy flojos) estaban tocando en el escenario azul y se solapaba su sonido... ¡hasta que se fue la luz en el recinto! (uno de los pocos puntos negros de la organización; ocurrió varias veces en el escenario azul, aunque hay que decir que siempre se solventó bastante rápido).


Pero, antes de todo esto, ya habíamos vivido uno de los grandes momentos del festival gracias a un artista con mayúsculas cuya inclusión en el cartel me había provocado tanta estupefacción (por aquello de que no encajaba demasiado, aparentemente) como alborozo: Eli "paperboy" Reed. Un lujazo poder verlo en directo junto con su banda, los True Loves, insuflando un poco de soul y música en estado puro, cruda, a tanto moderno. ¡Y vaya si lo hizo! Comenzó enfrentándose a un público frío que se acercaba a él con indiferencia (salvo una minoría) para acabar logrando poner en movimiento a todo el personal transitando por unos ritmos que saltaban del rock 'n roll (muy roll) al funky, pasando por supuesto por ese soul de espectacular voz blanca que no se dio una sóla concesión y que fue arropado a la perfección por esa engrasadísima formación que son los True Loves, una banda sensacional. He leído por ahí que Reed sería un digno heredero de James Brown. No me suena exagerado. Talento y profesionalidad como la copa de un pino puestos sobre la mesa (bueno, el escenario) en vísperas del fallecimiento de su antítesis, Amy Winehouse.


La primera jornada la acabamos con los granadinos Lori Meyers (mientras en el escenario pequeño, el Stereo, Vinilla Von Bismarck and the Lucky Dados ponían a bailar a muchos lowers al ritmazo de su rockabilly), que recalaban con su larguísima y exitosa gira en este caladero para cosechar un éxito más como si nada. Porque los conciertos parece que ya les salen sólos, y cuentan con un público muy amplio que se sabe de memoria una gran parte de sus canciones... ¡parecen los Love of Lesbian de esta temporada de tanto como han tocado!

Tras ellos les llegaba el turno a Fangoria. No soporto al personaje de Alaska ni a Olvido Gara ni a la conjunción de ambos, cada día menos. Y cuando son la santísima trinidad, Mario Vaquerizo mediante, menos. Así que dadas nuestras fobias, las siete horas de coche que nos costó llegar a la capital hortera de este país, el consiguiente cansancio acumulado y la aparición estelar de esta señora reina del cinismo kitsch, nos retiramos a nuestros aposentos. Una pena por Supersubmarina, que tocaban justo después.

¡Segundo día!

El segundo día se abrían las puertas del escenario grande, localizado dentro del "estadio" de fútbol (llamar estadio a eso, bueno...), muy cerca de los otros dos escenarios (por cierto, el sonido -bastante bueno en general- no se montaba de un escenario a otro pese a lo que temía, eso sí, pagando el peaje de unos decibelios de más para mi gusto). Y los que tuvieron el honor de hacerlo fueron Sidonie, aunque a lo largo del concierto no dejaron de presentarse como El Fluido García... veremos en qué queda el asunto. El suyo fue un concierto correcto, sin más. No es que estuviera mal, que no fue el caso, pero me esperaba mucho más, dado todo lo que había oído sobre sus bolos (que de divertidos rayaban lo salvaje). Hay que decir que estos chicos estuvieron muy formalitos, tocando temas no sólo de "El incendio", sino también de trabajos anteriores e, incluso, estrenando una nueva canción del futuro disco, según ellos de psicodelia.


Solapándose con el final de la actuación de Sidonie, habían comenzado su concierto en el escenario azul Dos Bandas y Un Destino o, lo que es lo mismo, la conjunción de Los Coronas y Arizona Baby. ¿Que cómo casan el rock n' roll surfero de unos con los sonidos western de los otros? ¡Madre mía qué buenos son! ¡Cómo se complementan! ¡Qué bien suenan juntos! Y qué divertidos son sus conciertos. Un bombazo de adrenalina musical. Merecen muchísimo la pena. Buen sonido, buena música, buen rollo... Y mejor rock! Volveré a verles, seguro. Más ahora que su apuesta se consolida, ya que anunciaron en el Lowcost que están preparando un disco juntos.

Y si el día anterior habíamos tenido la posibilidad de ver de muy cerca a Maika Makowsky gracias a los showcase organizados por Sol Música, en este segundo día pudimos ver a Eric Fuentes acompañado por Bernat Sánchez y su teclado, de El Mal. Sabía poco de él antes del Lowcost (había escuchado algunas canciones incluidas en la típica lista de reproducción que me hice del festival) y, la verdad, es que me gustó bastante y que me quedé con ganas de ver algo más (no pudimos ver su concierto en el escenario stereo el día antes), y más cañero. Apuntado queda como uno de los descubrimientos del festival.


Pero el plato fuerte evidente del día (y del festival) era Vetusta Morla (antes tocaron en el escenario azul Delafe y las flores azules, que en directo suenas menos petardos que enlatados, y aun tienen una pasada, pero siguen sin convencerme), que a las 23.30 h tomaban el escenario principal ante un aforo abarrotado. El grupo madrileño refleja perfectamente la evolución que ha sufrido la llamada música indie que, gracias a las nuevas tecnologías, internet especialmente, ha superado todas las barreras que existían en una industria musical acomodada y acostumbrada a vivir de los hits prefabricados y la radiofórmula (perdón por el alegato pero es que a quién se pretende engañar; jamas se ha escuchado tanta y tan variada música como ahora). Pues eso, que aparece un grupo curtido en mil pequeños escenarios con un disco bajo el brazo que ninguna discográfica cree digno de publicación. Los chicos autoeditan, aprovechan myspace, el boca-boca, los elogios de un lehendakari... Y lo demás no es más que la historia de la paradoja que lleva a un grupo indie a encabezar carteles de festivales y abarrotar conciertos multitudinarios en los que se corean todos y cada uno de sus temas. No sé lo que les hace grandes a estos chicos pero, desde luego, lo son.


Lo son porque después del discazo que representaba Un día en el mundo se han enfrentado al siempre complicado segundo trabajo con éxito, prosiguiendo su camino con Mapas, un album que cuanto más escucho, más me gusta. Hay quien critica que "es más de lo mismo", y creo que ése es el comentario más estúpido e injusto que puede hacerse. Yo no pido a una banda que se reinvente con cada nuevo disco, especialmente si lo que hacen funciona. Mapas supone la consolidación de un inconfundible "sonido vetusta" que se extiende por canciones (Los días raros, Boca en la tierra, El hombre del saco, la propia Mapas...) con unas letras crípticas y complejas que son tan buenas (o mejores) como las del primer disco. Pero hablemos del concierto, que no soy quien para defender nada (sobre todo cuando su trabajo habla por sí mismo).

 Momento del concierto de Vetusta Morla

El concierto de Vetusta fue uno de los más intensos de todo el festival, con un grupo que se exprimió al 100% encima del escenario, especialmente el pobre Pucho, que no paró de moverse ni un segundo. Nosotros lo vimos muy adelante, en cuarta o quinta fila, lo cual es una gozada por cómo y cuánto se disfruta, pero que lleva aparejados ciertos contratiempos. El fundamental, el sonido. Salí con la sensación de que el sonido fue bastante pobre. Malo. Fue el único concierto en el que me pasó (por cierto, en línes generales, me gustó más el sonido del escenario azul). No he leído que nadie más se queje, así que no sé si fue una cosa puntual que nos ocurrió a los que estábamos allí adelante, los que más sufrimos el "fenómeno karaoke" de Vetusta Morla. Como decía, un grupo indie que llena estadios, atrae a mogollón de adolescentes y con el que todo el mundo se sabe y berrea (me incluyo) hasta la última coma de la última canción del setlist (al carajo las etiquetas). ¿No se oía mejor porque falló la configuración previa de sonido -otros grupos en la misma zona sonaban bien- o porque miles de gargantas silenciábamos a la banda? Gran espinita del festival. Hay que volver a verlos.

Y para finalizar la jornada subía al escenario el principal reclamo internacional del cartel: Mika. El artista de origen libanes llegó a Benidorm, tal y como el mismo explicó en un castellano más que correcto, apenas 25 minutos antes de que empezara el concierto. Pero quién lo diría. Salió puntual, el sonido funcionaba perfectamente y ofreció un show dinámico y divertido, desgranando todos sus éxitos y sin dejar de bailotear y saltar ni un momento. Pero, en cualquier caso, fue un concierto correcto que dejaba bien a las claras que, no importa lo que dijeran los carteles, este festival seguía siendo el de las bandas nacionales, auténticas triunfadoras. No es chauvinismo musical. Vetusta, LOL, Lori Meyers, Standstill, Sidonie... Pura realidad. Nosotros lo vimos cómodamente sentaditos en la grada, que VM nos habían dejado exhaustos.

Mika recién salido al escenario

¡Tercer día!

El último día lo comenzamos perezosos, disfrutando por última vez de la zona chill out frente al escenario azul, en el que tocaba Maga. Nos pondríamos en movimiento para ver el showcase de L.A. en la carpa de Sol Música. Lluis Albert en formato acústico, para compensar que no íbamos a poder ver su concierto posterior entero.


Los culpables de tal terrible decisión no eran otros que los suecos de Mando Diao y su rock garagero. Puntuales a su cita aparecieron estos crápulas para poner a bailar al personal durante la hora y veinte que duró su concierto, duración perfecta para que este grupo diera de sí todo lo que tiene, tocando todos sus grandes temas: empezando por God knows, Sheepdog y The Band para llegar al éxtasis colectivo final de Dance with Somebody, después de haber pasado por Mr. Moon, Long Before Rock 'n Roll o Gloria.

Setlist del concierto de Mando Diao (Dalama fue utilizada como intro en versión piano y, además, versionaron Leave Me Be de The Zombies antes de atacar Dance with Somebody)


Mentiría si dijera que no me lo pasé como un enano en su concierto, bailando, cantando y saltando como el que más, porque éste es un grupo que me encanta. Si bien es cierto que prefiero su versión más guitarrera, menos unplugged. Y es que esta era la gira de su disco para la MTV, por lo que su sonido era más de sala de estar (lámparas y cuarteto de cuerda incluidos) que de garaje. Teniendo en cuenta la sudada con la que acabé, no puedo imaginarme cómo sería el asunto con un bolo rockero 100%...

Tras Mando Diao se subían al escenario principal Santi Balmes & cia... Love of Lesbian. Y lo hacían para interpretar un setlist plenamente 2.0, en el sentido de que había sido previamente votado por el respetable a través de myspace. Así que la cosa empezó fuerte, con el Club de fans de John Boy haciendo saltar a miles de fieles ataviados con la camiseta de susodicho sujeto, ¿alter ego artístico de la banda? Porque lo cierto es que después de verlos en concierto, irremediablemente te conviertes en otro fan más de LOL, si es que no lo eras ya.

LOL satisfaciendo fieles.

De eso ya dimos fe en este blog hace unos meses, después de su memorable último concierto en Valladolid. Sigo sosteniendo que aquél fue el concierto en el que mejor me lo he pasado. No pretendía que éste del Lowcost, en un estadio, de proporciones mucho mayores, fuera igual. Aunque sin duda estuvo a la altura. Porque LOL siempre lo están, dándolo todo, tratando de conseguir que la gente se lo pase verdaderamente bien. Y con canciones como Allí donde solíamos gritar, Noches reversibles, Incendios de nieve, La niña imantada... no es difícil. Está claro que lo consiguen porque lo que ellos acumulan no son seguidores o fans. Son auténtico fieles que llenan estas ceremonias de diversión, buena música y mejor rollo, oficiadas por Santi, que son sus conciertos. A Valladolid volverán en abril del próximo año... y ya tenenmos entradas.


Pantalla anunciando el grupo instantes antes de inciarse el concierto.

Al igual que nos ocurría con LOL, a Standstill ya les habíamos visto el pasado invierno a su paso por Valladolid. Pero mientras que en enero habíamos sido testigos del intimista espectáculo del "Rooom", la propuesta de los catalanes en este Lowcost era algo más "convencional" (estos tios de convencionales tienen poco), un concierto de corte más clásico en el que la banda atacaría temas no sólo del "Adelante Bonaparte", sino también de "Viva la guerra"; el público estaríamos de pie y podríamos corear y bailar a gusto todas y cada una de las canciones... Y, joder, qué diferente puede sonar una canción en uno y otro contexto ("Morireis todos los jóvenes", por ejemplo).

Enric Montefusco en un momento del concierto.

Qué puñado de músicos tan buenos son esta gente, y menudas canciones arrastran en la mochila, susceptibles de ponerle a uno los pelos de punta en un auditorio o de volverle loco bailando rozando el hardcore (quién me lo iba a decir). Me gusta mucho Standstill. Porque me gusta su música, sus canciones, sus letras... Pero sobre todo porque les encuentro como una propuesta diferente y con un discurso propio que, además, son estimulantes. Van calando y su público, poco a poco, creo que vamos en aumento. Aunque me encantaría que tuvieran mayor repercusión. También se pasarán de nuevo por Valladolid, en febrero. Y también, sí, tenemos ya entradas. Adelante Standstill.


Colofón perfecto para tres días de un festival de nota en el que, si se repite la tónica de este año, nosotros también repetiremos. Viva la música en directo.

AF. (Apunte Friki): En Standstill, el que toca el bajo es Ricky Falkner (que a mi se me parece bastante a Juan López de Uralde, Juantxo, cara visible de Equo, por cierto), auténtica referencia de la escena indie nacional.